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lunes, 28 de marzo de 2016

Bon appetit! La fotografía de alimentos


Durante siglos el hombre comía por lo que olía y después, por lo que veía. Después, aparecieron los restaurantes con menúes de diferente factura, desde el restaurante de un solo platillo referido en un anuncio en una tabla, hasta los restaurantes con mayor variedad de opciones y precio en un menú. A la aparición de fotos en los menús, la mecánica de selección de platillos cambió abruptamente: el platillo comenzó a elegirse por su apariencia.

Mucho se ha debatido sobre cuál es la mejor técnica para la fotografía de alimentos. Algunos escenarios y fondos se han convertido en un cliché. La tarea como fotógrafos sería recapitular e innovar el concepto. Ángulos, tonos, luz: ese es nuestro reto. Pero para innovar, también hay que tener en cuenta algunos consejos:

Naturalidad contra artificio

Lo importante es enfatizar el objetivo principal: la comida. Evita platos o recipientes con diseños o texturas que distraigan o que no vayan con el tipo de alimento a fotografiar: un mole verde va mejor un plato de barro y no en una vajilla china, por ejemplo. Para ello es necesario conocer los orígenes culturales de cada platillo y obrar en consecuencia al preparar la escena. Lo natural siempre nos llevará a una consecuencia lógica. El artificio siempre nos tenderá trampas.

El momento de verter una salsa, una sopa en un plato o llenar una taza de café humeante puede ser hipnotizante. Eso es un gran punto a considerar. Es aconsejable preparar toda la puesta en escena antes de servir el platillo.

¿Debe estar recién preparado? En la medida de lo posible, sí. La comida caliente pierde textura y brillo si se enfría, y se nota. Lo mismo para los platillos que se deben servir fríos. La foto en HD no miente y la honestidad se agradece al momento de ver el producto terminado.

Sé creativo
Toma las fotos desde diferentes encuadres. Busca diversas opciones y puntos de vista, gira el plato, busca el lado favorable del platillo. Emplaza el objeto y busca ángulos hasta el cansancio hasta lograr el mejor encuadre. Los planos cerrados dan una sensación de cercanía y complicidad.

Otra opción es tomar las fotos como si fueras el comensal. Siéntate a la mesa y mira el platillo “con ojos de hambre”. Que la foto sea realmente una tentación. Las fotos no tienen aroma, pero la intención sí se puede manipular. Es comida que “entra por la mirada”.

Considera la utilización del principio de los tercios para la realización de la foto colocando los platos armónicamente en la trama horizontal y los vasos, tazas o botellas en la vertical. O bien, una sección áurea. O cualquier otro principio ordenador. Esto es particularmente útil en las tomas cenitales.

Si vas a hacer las fotos en un ambiente natural y cuentas con equipo de iluminación, no dudes en llevarlo. Recuerda que debes tener una luz principal y una complementaria.

La luz
Algunos prefieren usar luz natural para platillos como desayunos y productos del mar. Pero hay que ser cuidadoso para que no se formen sombras muy fuertes. Controla la luz con filtros manuales, mantas, rebotadores, bloques de poliestireno expandido (unicel) y todo lo que se te ocurra.

Busca que la comida luzca luminosa, llena de energía, sobre todo los desayunos y las comidas, particularmente las frutas, helados y los productos del mar. Quesos, vinos y panes de fuerte sabor y consistencia son otra cosa; esos nos llevan a un ambiente de luz más tenue, como una hostería.

Las comidas rápidas siempre se capturan con luz artificial intensa. El colocar la cámara al ras del plato le da una sensación de abundancia.

Si vas a hacer las fotos en un ambiente natural y cuentas con equipo de iluminación, no dudes en llevarlo. Recuerda que debes tener una luz principal, que será la más intensa y la que ilumine la parte más importante o apetitosa del platillo, pero además debes tener, como mínimo, una luz complementaria o de relleno, la cual será menos fuerte y te ayudará a eliminar las sombras y a darle volumen al platillo.

Nitidez y profundidad de campo
El uso de diafragma abierto nos ayuda a enfocarnos en lo sustancial y desenfocar el entorno. El fondo puede ser un aliado –si enmarca y no distrae– o puede sabotearnos el cuadro.

Es preferible usar velocidades altas para evitar que el elemento fotografiado salga movido. Usemos un tripié para controlar la toma y asegurar la nitidez de la imagen, sobre todo cuando tengas que usar velocidades menores a 1/60.

Hazlos más apetitosos
Ciertos platillos deben ser mostrados a medias del proceso. Por ejemplo, las ensaladas se capturan sin aderezarse y los aderezos de presentan en una fuente adyacente al plato para que los alimentos no pierdan lozanía.

Las gelatinas pueden mojarse con algo de agua durante la sesión. Eso aumentará su atractivo. Las carnes, pueden presentarse a término medio o casi crudas, para que no pierdan su brillantez. Lo mismo sucede con ciertos tipos de pescados y frutos del mar.

Muchos de los platillos fotografiados pueden no ser del todo comestibles, pero eso sólo lo sabemos nosotros: los helados suelen ser de puré de papa barnizado, la crema batida será espuma de afeitar, y las gotitas de rocío en la fruta o el sudor de una botella que aparenta estar helada puede ser glicerina aplicada con un atomizador.

Bebidas
Los vinos son complicados de capturar. La tarea consiste en que en la imagen se perciba el cuerpo y el color. Nunca uses copas de baja calidad porque abaratarás la toma. Cuida la luz de tus flashes, buscando que sea rebotada para evitar los destellos en la cristalería.

El café es otro cantar. Casi siempre, el protagonista de la foto no es el café, sino la taza. Y casi nunca va solo. Siempre va bien acompañado junto a una galleta, un pan o un pastel.

Para que la cerveza se vea impecable, la luz intensa es recomendada para la clara, y para la oscura, un ambiente de media luz. No dudes en componer las escenas con algún platillo que maride con la cerveza al fondo, con un desenfoque razonable.

A las bebidas que requieren espuma, como el chocolate, o ciertos helados y pudines, se les puede agregar un poco –muy poco– detergente para lograr la espuma consistente por largo tiempo.

La paradoja de los restaurantes históricos –como el legendario Maxim’s de París– es que la comida siempre fue el gran atractivo y nunca dependió de una imagen. Los tiempos cambiaron y la economía de grandes corporativos depende mucho de las imágenes. No dejo de pensar en que haría Hercule Poirot (el legendario detective creado por Agatha Christie, que tenía por costumbre, si la comida era de su agrado, llevarse consigo el menú del restaurante que visitaba y agregarlo a su vasta colección) de haber existido las fotografías de alta definición en su momento. Vivimos tiempos visuales. Nunca antes tuvimos tantos recursos como ahora. Es hora de hacer goce y disfrute de ellos a plenitud. Bon appetit !

domingo, 27 de marzo de 2016

Domina el balance de blancos en las fotografías

A todos nos ha pasado alguna vez que una fotografía sale con tonalidades distintas a las que veíamos al momento de realizar la toma. Conozca cómo ajustar el balance de blancos para controlar estas condiciones.

Muchas veces, el accidente resulta afortunado y hasta nos congratulamos por haber logrado una imagen cálida, tirando al amarillo o a tonos rojizos, azules o hasta verdes. Incluso, con el uso de programas y aplicaciones que nos permiten añadir distintos filtros de color y efectos a nuestras tomas podemos justificar un tono ictérico diciendo que en realidad realizamos una “intervención artística”.
Seamos honestos: lo más probable es que se nos pasó ajustar el balance de blancos (WB) o no supimos cómo hacerlo. Pero no es tan grave; si sucedió eso fue porque probablemente hicimos la toma en modo manual, lo que denota entusiasmo por la fotografía profesional y la técnica fotográfica. Por ello, en esta ocasión, hablaremos de qué es el balance de blancos y cómo manejarlo.

El color en la fotografía
Lo primero que debemos tener en cuenta es que en fotografía, el color depende de la calidad de la luz (natural o artificial) que ilumina nuestro objeto. En el caso de la luz natural, no es lo mismo realizar la toma un mediodía soleado, que una tarde nublada. Igual pasa si estamos a la luz de una fogata o utilizando algún tipo de lámpara.
Las distintas fuentes de luz tienen dominantes o “temperaturas” de color que se miden en grados Kelvin, y en cualquier situación podemos sacar ventaja de la función WB de nuestra cámara para controlarlas en nuestras imágenes.

Temperatura de color
Durante el día, tenemos diferentes dominantes de color de acuerdo con la hora. Por ejemplo, la “hora azul” ocurre justo cuando acaba de salir el sol y cuando está a punto de ponerse o escondiéndose en el horizonte. Tiene dominantes azules que, por lo regular, favorecen mucho las tomas, tanto por las tonalidades que se logran, como por el tipo de sombras que se proyectan; lo mismo puede pasar en días nublados o con sombra. Al mediodía solemos tener una luz blanca, de unos 5,500° K; los atardeceres, en cambio, suelen tener dominantes anaranjadas o rojizas.
En el siguiente gráfico podemos observar las temperaturas de color de distintas fuentes luminosas.

Pensar al revés
¿Cómo funciona el WB de nuestra cámara? Para entenderlo, primero tenemos que comenzar a pensar a la inversa del gráfico que nos muestra las temperaturas de color; es decir que cuando deseemos hacer más cálida una toma, debemos aumentar la temperatura a unos 8,000 o 9,000° K (como la del cielo azul o parcialmente nublado); por el contrario, si queremos que una imagen luzca más fría, debemos bajar la temperatura hacia los 1,000 o 2,000° K (como un atardecer o la luz de las velas). Si lo que deseamos es que la fotografía no tenga ningún ajuste, lo mejor es usar unos 5,500° K.

El balance de blancos no sólo es un recurso para corregir las predominantes de color. Si se usa de forma creativa, también puede ayudarnos a lograr ambientes y efectos en la toma.

Opciones predeterminadas
Pero, a veces no tenemos tiempo ni paciencia para estar calculando cuál será la temperatura de color en determinadas situaciones, y para ello, las cámaras ya cuentan con algunas opciones. Las más frecuentes son las del siguiente gráfico:

Las funciones de sombra y nublado eliminarán las dominantes azules para hacer que la imagen luzca más cálida.

• Las de luz de día y la de flash utilizan una temperatura de 5,500° K, lo que quiere decir que no realizan ningún ajuste.

• Las de luz fluorescente blanca y la lámpara de tungsteno (o incandescente) suelen usarse en espacios iluminados por bombillas potentes y eliminan los tonos rojos de las imágenes.

Las funciones anteriores suelen ser mejores que el automático, aunque en ocasiones nos seguiremos topando con problemas con los términos medios de temperatura de color, por ejemplo, en un amanecer o un atardecer, cuando hay modificaciones en la luz que, al sernos tan cotidianas, no notamos fácilmente. En estos casos, lo mejor es usar la función manual.

Balance de blancos manual
La función del ajuste de blancos personalizado nos permite establecer de forma más controlada y fina qué valor de blanco deseamos. Para realizar el ajuste necesitamos llevar con nosotros una hoja de cartulina blanca o gris medio, la cual usaremos para calibrar la cámara cada vez que nos enfrentemos a condiciones de luz diferentes.
En caso de no llevar la hoja blanca, basta con buscar y enfocar un objeto de color blanco y pulsar el botón de calibración de blancos. Así, la ganancia de las tres dominantes de color (rojo, verde y azul) se ajustará para dar el mismo nivel de señal bajo estas condiciones de iluminación, con lo que obtendremos imágenes con colores muy similares a los reales.

Corrección con software
Si la técnica nos falló, no todo está perdido, hay distintos softwares que serán nuestro salvavidas: los más comunes son Photoshop y Lightroom.
Con la herramienta “Curvas” de Photoshop, deberás añadir una nueva capa de ajuste a la imagen siguiendo la ruta: Capa > Nueva capa de ajuste > curvas. En la pestaña de “Ajustes” se abre un histograma y en la parte superior izquierda verás un desplegable con los distintos canales de color (rojo, verde y azul).

Para ajustar el balance de blancos tendrás que mover hacia arriba o hacia abajo la línea transversal del color que sea necesario hasta llegar al tono deseado. En ocasiones tendrás que hacer ajustes en los tres colores.

Otra opción para hacerlo desde Photoshop es mediante la ventana de niveles, en la que podrás mover los manejadores de cada color. Este método es más sencillo, pero implica pérdida en la calidad de la imagen.

Finalmente, si decidiste manipular la foto con Lightroom, el procedimiento es aún más fácil. Basta con ubicarte en la pestaña de “Revelar”, seleccionar el “Cuentagotas” que se encuentra en la parte superior del menú lateral derecho en la pestaña de “Básicos” y hacer clic en el punto que creas que debe tener el tono más blanco. Si no te convence el resultado, inténtalo en otro punto, o hazlo mediante los manejadores de temperatura y matiz ubicados junto al Cuentagotas.
Ya no hay pretexto, de ahora en adelante si tus fotografías tienen alguna dominante de color será porque tú así lo decidiste y no de chiripazo. La perfección se logra con práctica, con prueba y error y, sobre todo, con una visión clara de qué quieres lograr y cómo vas a hacerlo. Así que ¡adelante! Lánzate a hacer nuevas tomas y a experimentar con el color.